Nuestro Illimani
semicama nos va acercando a EL ALTO tras las mil y una paraditas “imprevistas”,
para su negocio, claro. Las obras de la nueva carretera de acceso a LA PAZ nos
hace dar la vuelta al mundo y no es sino a las 8 de una mañana esplendorosa y
cortante cuando llegamos a la Terminal de Autobuses.
¡Dormir, dormir,
dormir! Ahora, ya mismo.
Me echo a andar
por la Montes cual zombi con la esperanza de atrapar el sueño tras 10 horas de
jadeos tiesa como escoba rodeada de despatarrados durmiendo a la pata la llana.
El hotel Savoy en promoción y “recomendado” por la oficina de turismo (que no
mi persona) está cerca de la plaza
ALONSO DE MENDOZA, en lo que otrora fuera el barrio de españoles conquistadores
de CHURUBAMBA. Hasta algunos cuentan que Pizarro, habiendo oído de los
lavaderos de oro de CHUQUIABO por Atahualpa, pasó aquí un tiempo y se albergó en el TAMBO QUIRQUINCHO;
todo esto 8 años antes de la fundación de la ciudad en 1548.
(Asi estaba el Quirquincho antes de la
restauración, o mejor, reconstrucción)
Minúscula
recepción en el Savoy con muchachos bien dispuestos que me ayudan con el
equipaje, como dicen ellos, al primer piso. Un rayo de sol entra por el
ventanal resbalando por las bóvedas de la IGLESIA DE SAN SEBASTIAN (la primera
fundada) pegadita a nosotros, recordándome que existe ese sol misericordioso y
vivificador. Siguiendo la técnica “uyunera”me vaporizo a placer y, después,
salgo disparada a comprar mis píldoras favoritas: SOROCHI PILLS, ya que mi AKULLIKU de hoja de COCA se me han puesto rebelde.
(En Madrid, no sólo
los indígenas...)
Y así llegó la
hora del almuerzo. En la recién
remodelada calle Evaristo Valle, allí cerquita, me declaré clienta preferencial
día y noche. Almuerzos a 9 bolivianos (1,23 Euros) y cenas a 7 Bs (1 E) en el
impoluto RESTAURANTE FAMILIAR: platón de CHAIRO humeante, mini-milanesa de
pollo con sus aditamentos y una especie de gelatina coloreada al estilo MAMANI,
con perdón; rodeada de cholas vendedoras callejeras, turistas pauperizados de
mi estilo, colgados extranjeros de dientes ennegrecidos y, en la noche,
viejecillos jubilados muy dignos y educados que me dan conversación como mandan
los cánones.
Después
descubriría las paradas del MERCADO LANZA, más abajo en la calle, donde redesayunaría
cada día y compraría panecillos, quesos y frutas. Y por la tarde los puestos
callejeros, animadísimos la noche de sábado, con sus patitas de chancho asado,
anticuchos, salteñas fritas en enormes baldes de hojalata, café y hasta
chocolate.
“’ Ay yayay, que
eso no le conviene a usted, es para eeeellos que ya están acostumbrados, usted
se pondría malita…” y la señora ponderaría el restaurante GUSTU, gran hito gastronómico paceño e internacional y
escuela de alta cocina, gratis para espirantes locales sin recursos.
(Claus Meyer, cofundador de Noma, crea GUSTU y la
FUNDACION “Melting Pot” en La Paz).
Aprecié su filosofía, el buen hacer de la jefa de cocina
danesa formada en MUGARITZ (País Vasco), pero los 51 Euros por su menú
degustación (casi el salario mínimo de una semana) me pareció surrealista y
altamente representativo de la fracturada sociedad boliviana no muy diferente
de la española (menús degustación de los “grandes” entre 160/200 Euros),
después de todo.
¿Y qué decir de
los ropajes de la gente? En este barrio donde vivo de clase media baja, dicen,
nada que me llame la atención: chaquetones, abrigos, chamarras, minifaldas…mucho
negro, mucho marrón por aquello del frío. Sólo las tiendas al “mayoreo”de
lencería especial, entiéndase gloria del puterío (con perdón), ponen una nota
de color y desbordada imaginación en las calles congeladas.
Menos mal que las
mujeres indígenas (aymaras o quechuas), vendedoras omnipresentes en toda La
Paz, lucen sus trajes de CHOLA con orgullo recobrado: abigarradas polleras,
blusas bordadas, mantas flecudas, broches relumbrantes, aretes de reina.
Ya todo cambió. Ahora se realza y se promociona la
elegancia de la CHOLA, revirtiendo las antiguas nociones de que ser chola
representaba subordinación, lo feo, lo inculto. Esta nueva moda CHOLA .subvierte los paradigmas de la moda de
la clase alta boliviana seguidora de los dictados de París y New York.
Un traje completo de “alta costura” (de Eliana
Paco, Diana Málaga…) se cotiza a mas de 300 $ USA, eso sin hablar de las joyas
de Erica Callisaya y las mantas de Vicuart. La fiesta de EL GRAN PODER en La
Paz, el Carnaval de Oruro, es el escaparate preferido de las CHOLAS elegantes, la pasarela más
importante de las galas cholas más ostentosas.
¿Y las jovencitas
amantes de la cultura ancestral que no quieren seguir acarreando el pesazo del
atuendo tradicional (15/20 kg)? Pues para ellas CHOLITA CHIC se ha puesto manos
a la obra. Este colectivo artístico se propone “andinizar” el concepto de moda
occidental con un toque de pop art.
Pero no sólo ellos. En las grandes pasarelas, en
el MOBO, también aparecen propuestas de alta moda que reivindican los AGUAYOS TRADICIONALES en sus sofisticadas creaciones.
Y es más,
desde que el hermano Evo se paso al “look andino” de la mano de la diseñadora
Canedo Patino y sus sastres favoritos Sillerico y Freddy Limachi, la moda
andina no ha dejado de cautivar a élites oficialistas y algunos dirigentes
latinoamericanos.
¡Ay yayay! Espero que esta nueva MODA BOLIVIANA
haga renacer los tejidos tradicionales de CALCHA, JAPO, TARABUCO… y los
bellísimos AWAYU DE JALQ’A, que tuve ocasión de admirar en el museo de ARTE
INDIGENA ASUR en la Recoleta, Sucre.
Pena que los chinos están al acecho y ya se ha
instaurado todo un tráfico de telas y polleras sino- bolivianas al alcance de
todos los bolsillos, insufribles modelitos fosforescentes y encajosos de fibras
bastardas que exhiben por millares en la FERIA DE EL ALTO.
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¿Eso se llama
tener visión comercial?
FOTOS: Cortesía
de GOOGLE


















