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domingo, 4 de agosto de 2019

DE COMO SE FUE A LA CHINA, QUE NO A LA CONCHINCHINA



Hacía años que seguía la pista de “lo chino”… que si “sonar a chino”, que “trabajar como un chino”, que si “barrio chino de Barcelona”, que si “sudar tinta china”, que si “estar chinado”, que si “tortura china”, “a lo chino”, “papel de china” y, más recientemente “chinorri/chinaco”, “fumar un chino” y hasta “dárselo al chino del ordenador”. 
 Así es que “naranjas de la China”, nada de Cochinchina que dirían los franceses napoleónicos. Solo tú, China, que para eso no dejan de mentarte por aquí cada día y hasta tuvimos el honor de convivir con un sabio chino experto en religiones, que para mi desgracia volvió a Beijing en los años 60.
“Lo chino”, lo exótico, lo lejano, con todo lo que eso implica de desconocimiento y de ignorancia sobre todo, al que se puede achacar cualquier cosa, pues nadie podrá negarlo con fundamento.

 Decido entrar por Beijing y ver con mis ojos.
Primera experiencia: Control policial y aduanero exprés, contra todo pronóstico;  cambio no abusivo en el aeropuerto y facilidad para comprar un SIM chino para mi teléfono, caso de tener que llamar al youth hostel de mis amores, que una nunca sabe…
Ayyay! Esto sí que “me suena a chino”, de verdad. No hay forma de entenderse con el empleado del metro para comprar una tarjeta de transporte y cargarla con 50 yuans ( que yuanes no me gusta). Finalmente, un jovencito se compadece y me señala una pegatina, en inglés, del modus operandi: precio de la tarjeta (reembolsable), carga y precio del tren del aeropuerto al centro y metro ordinario…
El empleado tenía razón, 50 yuans no será suficiente esta primera vez. ¡Burra desconfiada!
Siento como me crecen orejas de burro ( se dice así, no?).




Ahora la flamante línea 8 para mi hostel con un cambio mortuorio despeñándome por las escaleras (luego descubriría el ascensor salvaseniors) y  salida a la noche en esta zona residencial y desierta. Esta vez el ángel es una mujer que parece conocer el recoveco donde se sitúa mi cama.
¡Paga paga paga ahora cash! Es lo único que aprendió esta sílfide con maneras de dragón. ¡Tarjeta noooo! Repite cual disco rayado. 




"Naranjas de la China". Entonces, mañana y le dejo en depósito-garantía los 100 dólares que había de cambiar para no dar con mis huesos en la calle. Muerta, muda, por fin, ella con el verde.
Y más muerta, de muerte súbita me quedo yo cuando descubro que todo lo que promete la plataforma (no china) y sus fotos, no guarda ningún parecido con la realidad. ¿Sería aquello antes de la revolución cultural?


 Hago amago de rellenar mi botella de agua en una fuentecica custodiada por mosquitos dragón que no tigre. Sera que tengo que pagar “cash cash”, me digo para mis adentros superficiales por lo rápido de la reacción. ¡Noooo! Hot hot, hot water, tea… this…y menea una caja de lo que parece ser sopa de fideos disecada.

  ¡Vaaale! E intento aplacarla con la manita saltarina al estilo indio. Volveré. Con que no puedo coger agua con la botella de plástico…volveré con un vaso, con una jarra. ¿OK?
Y enfilo el pasillo, las ruedas enloquecidas de tanta escalera se niegan a seguir adelante y mi espalda me manda punzantes mensajes de huelga inminente.
Debe ser por la mañana cuando abro los ojos al compas de un himno coreado por cientos de voces infantiles a voz en cuello. Luego sabría que el paredón que cerraba el minúsculo patio correspondía a una escuela pública y que cada mañanita tendría el honor de despertarme “al alba” con sus compases patrióticos.
¿Vasos? Visita a la sílfide-dragón trasmutada en jovencito marchoso por aquello de la noche y sus peligros. Procedo a la operación desayuno continental, por el momento, de entre mis provisiones, que aquí la cafetería, el salón, zonas comunes digamos han desaparecido como por encanto.




Cuando salgo mi amiga ya ha vuelto de los brazos de Morfeo con sonrisa dolarificada y armada de un teléfono con la app de traducción para entendernos. ¿Sera el poder mágico de los dólares gringos? Tras duras batallas con el “chino del ordenador”(en este caso real), consigo enterarme del camino al banco más cercano, no ATM (cajero para entendernos).
Es pronto por la mañana, acaban de abrir, es un nuevo banco “privado”, los empleados están dispuestos en dos filas en la puerta saludando con reverencia a su primer cliente: yooooooooooo
Ahora viene el ceremonial que habría de endilgar cada vez que apareciera por el Bank of China: formularios por doquier, foto en ventanilla, revisión de los papeles, mas revisión por experto, control del billete manual y maquinal (¡), firma y recuento de yuans (no me gusta “yuanes”). Todo con cara de palo, que para eso son funcionarios de la revolución.

Decido no volver al hostel y hacerle sufrir un poco a la sílfide-dragón, con la esperanza de que no me saque las cosas a la calle.
Sera hoy día de “aclimatación”, de ver por donde sopla el viento en la Oficina de Turismo de Beijing, en la plaza Tianmen, que allí, al menos, un empleado debonair habla inglés. ¡Y tanto! Con su labia consigue venderme un tour a la Gran Muralla en Mutianyu, todo incluido…a mí que tengo alergia a los grupos.

Pienso que fue el efecto del himno patrio mañanero y la profusión de banderas y sloganes “morales” en las paredes de la agencia. “Te engañaron como a un chino”. Eso fue lo que pensé a la vuelta riéndome a carcajadas ante los ojos atónitos de nuestra bien letrada guía oficial que bien pareciera que se había tragado un cronometro.
MUTIANYU. De mañanita, a la hora 6h40’, bus perfecto, ya la guía había puesto el disco en marcha, no pararía de hablar en todo el viaje.
Pero, ¡venga! Luego lo cuento, que esto se hace muy largo. Que yo…con las palabras…me embalo.

FOTOS: Cortesia de GOOGLE