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viernes, 1 de diciembre de 2017

DE LA CATARATA MONTMORENCY A LA BANCA COOPERATIVA DE LEVIS (CANADA)










“La catarata esta cerca de aquí, se puede ir en autobús hasta casi la entrada de la parte alta. 7 dólares ida y vuelta hasta Boischatel”  Me lanza  con  suficiencia “la reciclada”.
Gracias, gracias. Otros pensamientos en mente, y me echo a la avenida a la caza del preciado bus. Me equivoco o no es directo como decía ella. Transbordo en un pueblillo/barrio donde nadie parece conocer más allá de sus narices o, no están interesados en dar explicaciones. Finalmente una estudiante me indica el bus 800. Luego sabría que son 12 kilómetros desde el centro de la ciudad y que me dejaría directito cerca de mi casa.
Bajo. Un cartelito indica la entrada: CHUTES DE MONTEMORENCY.
Un sendero se abre camino por entre los árboles y puesto que más gente viene en mi dirección del otro lado del parque, tuerzo a la izquierda hasta descubrir el PUENTE COLGANTE. Un cartel explica como hubo instalado aquí un aserradero y luego una fábrica textil hasta bien entrado el siglo XX.
Aquí también han instalado una “tirolina”de 300 m, doble ella, a la entrada del puente que cruza la catarata. Retumban los aullidos en las aguas.
De pie en el puente, cierro los ojos y aspiro la fuerza de estos 83 m de energía desbocada (30 m mas de Niágara, insisten) e imagino el asombro maravillado del “descubridor” CHAMPLAIN  allá por el siglo XVI, cuando todo esto eran selvas, ríos despeñándose por los acantilados.
Atravieso el puente y desciendo hasta el segundo belvedere (mirador) por unas escaleras resbaladizas en medio de una lluvia incesante. La neblina envuelve las aguas perseguida por el ventarrón, que furioso, le arranca jirones que descubren la espuma plateada.
Ya no me aventuro mas por este tinglado que han montado para llegar al pie de la catarata, donde en invierno se forma un “pan de azúcar” de hielo con  las furiosas salpicaduras.
¡Ay, Montemorency! En circo te convertirás con la inversión privada masiva para “desarrollarte” que te han prometido. Como en Niágara, claro, para no ser menos que los gringos.
Subo y esta vez alcanzo le Chemin Royale por el otro lado del parque donde varias familias “picniquean” y los niños se persiguen entusiasmados por entre los árboles.
Mi bus 800 me llevara hasta la plaza YOUVILLE escuchando la letanía de un “looser” en medio de la indiferencia colectiva como si fuera invisible.







Es hora de atravesar la Saint-Jean, despeñarme por las escaleras Casse-Cou, atravesar el Petit Champlain y correr al transbordador que está a punto de salir.
Es un viejo ferry recientemente maquillado, casi vacío a esta hora francesa de comer.  Subo a cubierta. En medio de las aguas turbulentas del Saint-Laurence, la Ville de Quebec se muestra encaramada en el Cap Diamant en todo su esplendor, Chateau Frontenac en ristre.
Pointe  LEVIS se acerca, una explanada al pie de los acantilados donde las hojitas de las plantas asoman tímidamente. Más escaleras de madera, calles empinadas bordeadas de “cottages”  de la época brittish, como dicen.
Iglesia cerrada, casas hostiles. Nadie. Arrecia la lluvia helada.
La casa museo DESJARDINS no abrirá hasta la tarde, dice una señora que acude a mis timbrazos.


¿El centro? Mas cuestas y una larga calle desértica con un par de comercios y un resto…el edificio Desjardins  enciende mi esperanza: un centro informativo de calidad sobre la CAISSE DESJARDINS desde sus orígenes.
Es esta CAJA un grupo financiero de naturaleza cooperativa de Canadá , creado por ALPHONSE DESJARDINS allá por 1900 con el propósito de DESTERRAR LA USURA, MEJORAR LAS CONDICIONES DE VIDA DE LAS CLASES POPULARES Y CONTRIBUIR AL RENACIMIENTO ECONOMICO DE LOS CANADIENSES FRANCESES.
En 1970  decidió extender sus servicios a países en vías de desarrollo, facilitando EL EMPODERAMIENTO DE SUS POBLACIONES, EL ACCESO A UNA SERIE DE SERVICIOS FINANCIEROS Y DESARROLLANDO ACTIVOS INDIVIDUALES Y COMUNITARIOS.
La Caisse Desjardins ha sido también pionera en el sistema de MICROFINANZAS. Actualmente desarrolla proyectos en África, Haití, Colombia, Sri Lanka y Vietnam y sus expertos analizan, valoran y aconsejan numerosas “start-ups” que lo solicitan.

Ahora me toca buscar un chiringuito para comer en este desierto y, andando, me topo con el café LE MOSAIQUE, que resulta ser una empresa de economía social, de cocina equitable; un lugar de encuentro e intercambio innovador, para desarrollar el espíritu crítico y de ayuda mutua; navegar por Internet gratis y ver Expos de artistas de la zona.
Y me quedo sin respiración leyendo estos ambiciosos propósitos formulados en 2009 y que han ido fortaleciéndose con la experiencia.
Me proponen varios menús de sopas, paninis, postre y café, todo ecológico y producido a ser posible en la zona. 6 $, 8$, 10$ , cualquiera de ellos es una delicia.
La cocinera-voluntaria me cuenta de sus años en Perú trabajando en la sierra y pasamos un rato transportadas a ese mundo andino misterioso.
Me cuenta que también tienen la Association Intercultural La Mosaique que facilita la acogida e inserción de inmigrantes en Abitibi-Temiscamingue y colabora con otras asociaciones, por ejemplo MOISSON QUEBEC, para erradicar ese 5 % de pobreza que atenaza LE VIEUX-LEVIS.
”No todos pueden saciar su hambre en este rico país que es Canadá” Concluye.
Se acerca la hora del último ferry y me echo cuesta abajo, en volandas por las escaleras limacosas.
Un viento helado barre la cubierta de este mastodonte que poco a poco se va acercando a puerto.


Antes de volver a casa, entrare en la boulangerie  (panadería) PAILLARD, la de los techos en el paraíso y me regalaré un chocolate bien caliente y un croissant de esos de leyenda, que para eso fueron premiados por su excelencia en 2010.

Mañana será día de aborígenes, en la reserva WENDAKE, que tanto me han alabado y recomendado como modelo de desarrollo. Por una vez les escucharé.

FOTOS: Cortesía de GOOGLE