Sigue el monzón. De día las nubes negras echan carreras con Surya que en los últimos días de su reino lanza dardos emponzoñados.
“Nosotros vamos a comer a la BAKERY DE AUROVILLE (panadería alemana), en el jardín se está divino y los pocos platos que hacen son todos orgánicos y deliciosos.”
No me lo pienso mucho. Me forro a conciencia, que todavía tengo el escote como chupe de camarones, y me encaramo en la moto de mis amores.
No hay mucha gente hoy en el jardín, una familia tamil con sus dos niñitas repeinadas con lazos rojos, la mujer con sari redorado junto al padre proveedor bien ufano teléfono en ristre. Tres parejas de “blancos” enamorados, que se diría y un grupo de muchachos estudiándose la carta.
Aprovecho para transgredir los buenos propósitos: Una montaña de patatas fritas crujientitas, milanesa de pollo y ensalada de la huerta con brotes por aquello del remordimiento. De capuchino, quito casi toda la crema. ! Faltaría más! Ya me siento mejor. ¡Jajaja!
Son más de las dos cuando enfilo la carretera a UDAVI, la escuela donde trabaje cuando aparecí por estas tierras. ¡Cuánto ha cambiado! Ahora un alto muro la encierra ensimismada.
Hay que coger el camino a la izquierda, resbaloso, con grandes charcos de la lluvia de anoche. El portón está abierto y la moto salta por encima de los tubos que colocan en la entrada para espantar al ganado.
No hay nadie a estas horas de la siesta, visitantes, quiero decir. Una mujer tamil esta barriendo la zona de la cocina. Entro por el sendero de la izquierda hasta el vivero donde han preparado cientos de plantitas para la venta. En el orquidarium no hay muchas flores en este momento y continúo por el sendero al jardín ornamental, el laberinto, los cactus y el arboretum. Una extensa zona está reservada a la flora local en peligro de extinción, recuperada por ellos durante su visita a los bosques sagrados de Pondicherry y sus alrededores.
Ya saliendo me encuentro con Santo, un italiano de Calabria, auroviliano desde hace nueve años y dedicado al cuidado de la germinación de semillas.
Me explica que en teoría el Jardín está cerrado para las visitas a causa del Covid, que normalmente se puede comer allí también avisando por la mañana. ¿Y cuando se volverá a la “normalidad”?
Ah, eso lo decide el Gobierno de Tamil Nadu (Chennai) que es a donde pertenece Auroville.
Gracias Santo, espero que nos veamos pronto “normalmente".
FOTOS: Cortesía de GOOGLE
















