viernes, 2 de octubre de 2015

POTOSÍ, COMO DORMIR SIN MORIR EN EL INTENTO













Entonces, habiéndose terminado las lluvias por estas tierras, me embarqué en Sucre en un autobús, de El Dorado (pero no pusieron el documental “Devil’s Miner) para llegar hasta POTOSI tras comprar provisiones de boca en la terminal vieja. Cuatro horas de camino por la recién asfaltada carretera que unirá Santa Cruz con el Océano Pacífico. ¡Eso sí que será la cintura de América! Mis vecinos duermen seráficamente.
Ya llegando pasamos una pequeña refinería de metales, un minúsculo aeropuerto que esperan desarrollar a base de huelgas los potosinos, un paisaje desolado. Un frío intensísimo nos acoge, un boquear que se convertirá en el calvario cotidiano fruto de los 4000 mt de POTOSI refundada en 1561 con el titulo de VILLA IMPERIAL por el emperador Carlos V en reconocimiento a los pingues beneficios obtenidos con el “quinto Real “de la plata de CERRO RICO.  Encima, los alojamientos recomendados están más arriba de la plaza central, la 10 de noviembre, de la iglesia catedral. Y empieza la peregrinación por la gris imperial, que no la “blanca”.
El “Casa Blanca”, la entrada llena de judíos ex militares despanzurrados en hamacas apenas visibles por el humo de todos los olores, gritando, riendo, pasándose los espaguetis humeantes, me da la bienvenida. No es para mí tanta “marcha”.
Es casa de gringos, a 160 bolivianos la doble con derecho a baño asqueroso y otras innumerables ventajas. Caro. Intento La Casona, allí cerquita, mas asqueroso todavía. De repente se me aparece un rotulo que dice “Compañía de Jesús” en una pequeña casa colonial añil y blanca.
¿Sera cosa de las madrecitas potosinas? Avanzo, sigo…pero vuelvo impulsada por la “fuerza jesuítica”, algo me dice que me hará avío urgente y que podré soltar este carromato lavarme tumbarme y comer algo antes de que caiga desmayada.




Zaguán oscuro como boca de lobo. Nadie. Un muchacho medio desganado me indica el cuarto de la “señora”. Mestiza de no sé cuantos quilates que aúlla 120 Bs  con baño y desayuno a pagar inmediatamente, no sea cosa que quede sepultada en la mina Pailaviri del Cerro Rico, imagino yo. Un patio que fue hermoso, una fuente adosada al fondo nos regala una agüita helada y cantarina y una escalera de dos tramos que me parece la cuesta del Everest. Limpio, luminoso, tranquilo arriba (que una ya no se pirra por compadreos ni marchas), desayuno frugal de hermano lego.
¡Ay, la noche! ¡La noche fue de órdago! Toda la noche boqueando como pez fuera de agua, tiritando bajo esas frazadas aplastapiedras, que dejan fría como en sudario. Y la ducha, un hilillo de agua tibia mientras me juraba a mí misma emular a nuestra Catolicísima Reina en el asedio de Granada.
De mañana me mudé a la habitación “imperial” del hotel Carlos V, allí mismito. ¡280 Bs del alma! Eso sí, amplísima,  decorado  TVE serie histórica, chimenea fría, chorros de agua hirviendo que te hacían salir escaldada empujando la mampara…y santa Rita, santa Rita, va y encuentro un artilugio que despide aire caliente. ¡Hale! Para mí, para siempre. Dos días de lujo desenfrenado, que bien me lo merezco, digo yo.
Luego me enteraría que la dueña era una española casada con un potosino por boca de una médico-cooperante cubana, Aleida, que, a veces, hacia de manager por aquello de la amistad.
Era Aleida una mujer joven, alta y robusta a la cubana, blanca y de pelo rubio oxigenado. Labios y unas pintadas con esmero pero huérfana de un diente que le daba un toque de posguerra española. Fijándose bien se notaba que sus ropas y, sobre todo sus botas, habían conocido muchas fatigas.
Dicharachera ella, fue desgranando sus aventuras. Llevaba ya varios años trabajando en el “hospital cubano” en las afueras de Potosí, atendiendo a los más pobres, a los indios, a los viejecillos abandonados. Contaba que los médicos locales no querían desplazarse a las comunidades y que trataban mal a los indigentes….
Algunos de sus compañeros habían pedido el traslado a Brasil donde las condiciones económicas eran mucho mejores, pero que ella tenía un amigo potosino y hasta Permiso de Residencia.
Su familia vivía en el campo cerca de Trinidad, un hermano en USA, ingeniero.
Cuando le pregunté por el sistema de selección de cooperantes en el extranjero, puesto que supongo será altamente codiciado en Cuba, noté que era un tema que no se discute con extraños…
A la española nunca la vi por el hotel, ni a su marido, a pesar de las reiteradas promesas de cenas hispano-cubanas cada vez que nos despedíamos por la noche enumerando los turistas-amigos españoles que le agasajaban e invitaban a visitar sus casas en España. Hasta matrimonio le habían propuesto.
Así, pasito a paso, al ritmo de mi corazón desenfrenado, me dispuse a recorrer las serpenteantes y empobrecidas callejuelas de la Villa Imperial, que fueran testigo en su época gloriosa de las rivalidades ente VICUÑAS Y VASCONGADOS , por el poder, por la PLATA.



Pero yo, a diferencia de MIS PAISANOS los AZOGUEROS, no penetraría en las entrañas del CERRO RICO, que tantas bondades hiciera a sus augustas majestades del imperio español.

FOTOS: Cortesía de GOOGLE

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lunes, 21 de septiembre de 2015

DEL MERCADO CAMPESINO A LA CASA DE LA LIBERTAD (SUCRE)















De mañanita, hoy, pancitorompedientes (¡no este de arriba!). Parece ser que es una especialidad de Sucre para mojar en el chocolate. Me recuerdan los picatostes que tomaba en Madrid en la SAN GINES, en el EMBASSY… Pero aquellos estaban fritos y crujientitos.



 





“¿Me haría usted el favor de traerme otros panecillos mas blanditos?” Es que una tiene que cuidarse los dientes que le han costado un ojo de la cara, digo para mis adentros mientras esgrimo mi mejor sonrisa.
En la mesa de al lado hay varias parejas de paceños, ellas rechulas marcosas, que recorren el sur y me aconsejan pasar de largo Potosí y llegarme directamente a Uyuni. A ellos los mercados no les tientan, es cosa de indios.



El mercado Central ya está bien para comprarse las frutas, insisten. Esta cerquita.
Pues yo voy ahora al MERCADO CAMPESINO, en autobús…y se hacen cruces!
Llego. Después de dar la vuelta al mundo aterrizo en un dédalo de calles repletas de mercancías de todo tipo, organizadas por sindicatos, asociaciones, todos con sus carteles a la entrada de la calle…una especie de mercado de abastos lleno de color y encuentros sorprendentes, pero nada de lo que me había imaginado.
Compro una onza de hojas de coca por 5 Bs (Bolivianos), mucho más baratas que en Santa Cruz y me meto un puñado en la boca a ver si por fin respiro. Frutas, ropas, cacharrería, carnes, granos, dulces, bolitas de pasta de coca renegras que según me dicen ayuda a “evacuar”… Y tardo 3 minutos en entender la receta con cara de boba.
“Sí, para ir al escusado”.
!Ah!


“¿El MERCADO DE LAS BRUJAS?” ¿Las AMAUTAS? ¿Las Yerberas, las que curan el cuerpo y el alma, los amores y las penas? Allá abajo.
No hay muchos puestos, casi todas son mujeres indígenas en medio de frascos, botellas, polvos, yerbas, y fetos disecados de diferentes animales: llamas, quirquinchos, cuises y otros restos imposibles de identificar por mi ignorancia  Los clientes son escasos a esta hora temprana. Un hombre entrado en años se aparta con una Amauta y le susurra sus cuitas. También venden una especie de bandejas con los productos de rigor para la Cha’lla en la apertura de nuevas casas que acompañarán a la quema del feto disecado de la llamita en un brasero para garantizar buena suerte.

 Es importante esa ceremonia antes de entrar a vivir, me informa un cliente esperanzado.


 
Como en casa Bauer unas delicias alemanas revivificantes y un chocolate de abadesa. ¡Rápido! La CASA DE LA LIBERTAD  me espera.
Fantástica exposición la que han instalado en este antiguo colegio de jesuitas del siglo XVII: “LOS PRECURSORES DE LA INDEPENDENCIA”.
Haciendo justicia a aquellos que la historia oficial OLVIDÓ, OCULTÓ O NO TOMÓ CONCIENCIA de su existencia, del aporte de los pueblos originarios en la lucha por la INDEPENDENCIA.
Allí me paso media tarde leyendo, informándome y desaprendiendo las mentiras y verdades a medias que tuve la mala suerte de acumular en mi cerebro.
Me llama la atención el papel de las mujeres en las guerrillas andinas, con sus hombres en la lucha o dirigiendo, aguerridas, ejércitos contra los realistas, no como entre los AZTECAS que las relegaban a las tareas domésticas, a las decentes, sea dicho.




La saga de los AMARU es sobrecogedora. A la esposa de TUPAC AMARU II, MICAELA BASTIDAS, la zamba,traicionada por unos de los suyos y hecha prisionera por las tropas del virrey, a ella, le cortaron la lengua y le dieron tormento y garrote vil.

http://www.dailymotion.com/video/x2rd3eg  (ESCUCHAD LA CANCION DE Luzmila Carpio)

A BARTOLINA SISA, esposa de TUPAC KATARI, también traicionada, la atormentaron, la colgaron y finalmente la desmembraron y para escarmiento de rebeldes la expusieron en picotas y caminos.


¿Hasta dónde llega la crueldad de los seres racionales de la época de La Ilustración?
Un cofre de madera tallada custodia los restos de Doña Juana Azurduy, reza el cartelito. Y yo que había aprendido en mi búsqueda de la verdad que DONA JUANA AZURDUY MURIO A SUS 80 Y PICO ANOS EN LA INDIGENCIA ABSOLUTA EN SU SUCRE, QUE AYUDARA A LIBERARSE, Y FUE ECHADA A LA FOSA COMUN…
¡Ay, las veleidades de los políticos y sus masas ovejunas!
Doña Juana estará bajo el polvo, no tiritando de rabia como los ancestros de Antoñito el Camborio, Ella, la infatigable “libertadora”, estará maldiciendo y escupiendo a los traidores, a los oportunistas, a los que duermen en almohadas blanditas, como decía Galeano, y se apoderan de los frutos de la sangre de los héroes, de los verdaderos.
“Volveré hecho millones “Esas fueron las últimas palabras del caudillo KATARI. Dicen.

Y millones luchan todavía hoy por su dignidad y sus derechos.
Salgo en efervescencia, indignada, con el corazón dando tumbos en el pecho.
Enfrente, viejas mujeres indígenas barrenderas, miman la plaza 25 de mayo, la de la República.


FOTOS: Cortesía de GOOGLE
 

jueves, 10 de septiembre de 2015

SUCRE LA BLANCA, PRIMERA CAPITAL DE BOLIVIA











Cuando leía “LAS VENAS ABIERTAS DE AMERICA” de EDUARDO GALEANO, siempre me quedaba impresionada por la gesta del general Sucre que logro la independencia del ALTO PERU, convirtiéndolo en república independiente del Virreinato del Rio de la Plata y denominándolo República de Bolívar en la que hoy se llama Sucre. Eso en 1825.

El pago fue una bala por la espalda en 1830, a sus 35 años, cuando volvía a Quito tras renunciar a la presidencia de la República de Bolivia para evitar enfrentamientos.



SUCRE, la de los mil nombres, duerme en su hoyo bendito el sueño de los justos. La llegada al aeropuerto Juana Azurdy, la heróica “generala” mestiza de los ejércitos independentistas contra el Virreinato ya es una sorpresa: rodeado de picos, minúsculo, el aire cristalino, hombres maletinados y policías/militares por todas las esquinas, hasta en la oficinilla de información. Una “militara”, mujer indígena en traje de emboscada cumple con su deber sagrado a la patria entregándome un mapa de la capital con la saliva justa y necesaria.
La gente que pregunto no comprende como llegando en avión me empeño en coger un bus para llegar al centro, sobre todo cuando los taxis sobrantes te persiguen a saldo (25 Bs) por los 6 km de carrera.
“Pare el bus que pone “Mercado Campesino”, ellos le llevan a la nueva Terminal y de allí otro al centro”. Me espeta un jovenzuelo que se afana por alcanzar su transporte cotidiano. Me acomodo entre los faldamentos y cestos de las mujeres indígenas que vuelven del mercado luchando por no romperme los dientes con los frenazos del que maneja. ¡Ellas, todas impertérritas! Tres bolivianos que hago llegar al chofer pasando de mano en mano.
Polvo gris, mas polvo, nubes de polvo gris amenazan con engullirnos, pareciera que estuviéramos descendiendo al cráter de Chuquicamata y la Blanca no aparece por ninguna parte. Son las obras de la nueva carretera de acceso a Sucre, la que les salvara de todo mal.
Subo por la calle Loa hasta la plaza central, la 25 de Mayo, e intento varias de las recomendaciones de “la azul”esta vez pero, confirmación inmediata, NADA ADECUADO PARA UNA MOCHILERA JUBILADA MARCHOSA. Jajaja!
Gran manifestación en frente del Ayuntamiento, donde en 2008 se desarrollaran los hechos más vergonzosos de la historia reciente del Departamento de Chuquisaca, en la propia capital de la nación. ¡Ya empezamos! Me digo, mientras trato de informarme del asunto. Parece que el Gobierno central ha decidido reducir la desbordada plantilla de “colaboradores”en las oficinas municipales, y eso, ya sabemos que no es tarea fácil. Una vez colaborando no hay quien  suelte la teta.








Finalmente el corazón me dice que entre en el Hostal LA RECOVA SUR, en la esquinita Loa/Ravelo y no me engaña. Casa colonial con bello patio y mejor desayuno buffet: impecable, asequible, tranquila y, sobre todo “boliviana”, que es lo que a mí me gusta.
Hoy  decido tomármelo con calma, que los 3000 mt de Sucre se notan. Subiré hasta el Monasterio de la Recova y por el camino una de monjas y otra de indígenas de Tarabuco.
Las CLARISAS se atrincheran en un edificio de principios del siglo XVII, parece una fortaleza, con un patio desolado donde se encuentra el torno. Cerrado a cal y canto. Ya en el portón me doy de bruces con una mujer joven, blanca ella, que lleva de la mano una niñita etérea.
“? No se puede entrar en la iglesia, visitar el museo?”. Parece que hoy ya está cerrado, pero ella va comprar hostias, va a llamar a la monja del torno tirando de la cadena de la campana y yo sino quiero hostias, que no quiero, podré comprar naranjas en almíbar que son una delicia de las madrecitas.
Hablando de orígenes me cuenta que la familia de su marido son los Marquiegui, vascos, y que ellos le pusieron a la niña Maité como la canción del grupo Mocedades que adoraban. Y allí empezamos a cantar a la espera de la monja tornera.
Una voz rompe el hechizo. La señora Markiegui se va con sus hostias y Maite a preparar una fiesta de cumpleaños. No quedan naranjas, sin embargo tendremos unos higos deliciosos en almíbar dentro de una hora. Volveremos, le prometo
 Con la cuesta cada vez más empinada y la lengua mas afuera llego a La Recoleta. Un funeral de ricos despliega toda su parafernalia, decido no entrar no sea que el espíritu del difunto se encarame a mis espaldas. Es una plaza vastísima, porticada con una vista omnisciente (pienso en el ojo de su dios) de La Blanca. Un café en terraza para turistas dolarizados que deseen ayudar a los niños de la calle, chavales aviesos se entremeten entre los puestos de artesanía. Un museo tienda de finos textiles de Tarabuco me encandila, el ASUR, con sus piezas únicas, verdaderas obras de arte cuya venta ayuda a financiar el proyecto RENACIMIENTO DEL ARTE INDIGENA.




Bajando entro en un taller de mascaras y casa de alquiler de trajes para danzas tradicionales. El dueño me recibe con los brazos abiertos y me va explicando los entresijos de su negocio.
“Ahora hacemos muchas mascaras de aluminio pintado, es más ligero y más barato, para los CARNAVALES DE ORURO”. Y le dejo poniendo orden a todo ese mundo de diablos, cholas y …
La monja tornera me espera. Llamo.”? Traes los higos en almíbar? Es tarde, te he estado esperando.”
“Que no, hermana. Yo solo quiero comprarlos, que dice la Sra. Marquiegui que son deliciosos”.
Y termino la cuesta con un frasco de higos en almíbar a 25 Bo  que  pegotearían todas mis andanzas en Bolivia y la certeza de haber sido santamente engañada.
Claro es que la madrecita nunca me dijo que los HIGOS EN ALMIBAR fueran un producto elaborado en la casa, CONVENTO DE SANTA CLARA…
¿Y para comer? Nogada de pollo en el Mercado Central, que resulto de cacahuetes pero igualmente sabroso.


Secreto: no levantarlos ojos de plato, por si acaso..

FOTOS: Cortesía de GOOGLE