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miércoles, 3 de agosto de 2016

SALVANDOSE CON LA TORTUGAS










Conservación de Tortugas Marinas en Tortuguero, Costa Rica. La Corporación de Conservación Caribeña (CCC), uno de los socios locales de WWF en Costa Rica, ha emprendido una investigación sobre la tortuga marina y sus esfuerzos de conservación en Tortuguero desde 1959. Más información disponible en http://www.cccturtle.org
Salió desencantada de SAN JOSE (Costa Rica) tras dos días de vagar por sus calles a la búsqueda de una señal que le permitiera asentarse en aquel nuevo territorio. El hotel Shakti, de engañosa denominación, temblaba desde las cuatro de la mañana al paso del tren de Cartago por en medio de la calle aledaña y las cucarachas corrían despavoridas cuando abrías las puertas de los armarios de la cocina.
“No podemos con ellas…” Declaraba vencida la rubia oxigenada que debía hacer la limpieza…
TORTUGUERO sería mi destino.
Autobús flamante de Los Caribeños hasta Cariari de madrugada, seguido de otro bus hasta el pueblecito de Pavona y de una lancha por el río hasta el embarcadero de TORTUGUERO.
¡Todo muy bien leído y planeado! El autobús de Pavona, en la estación vieja, resultó un cacharro podrido extrañamente perfumado a la vaca lechera que respiraba entrecortado, con, eso sí, una cobradora de lo más sorprendente: en la cuarentena, repeinada en casto moño señorial, buena figura, uniformada, libro de billetes en ristre dando órdenes incontestables al chofer y a los “pobres”que pretendían abordar su vehículo.
De repente mandó parar el autobús al final del pueblo y allí esperamos cocinándonos a que unos gringos (decía ella) terminaran sus operaciones en el último cajero.
Océanos de bananos esmeralda a pérdida de vista. De vez en cuando un letrero en un portón confirma nuestras sospechas: DEL MONTE (de la Transnacional R J Reynolds Ind.), DOLE (de la Estándar Fruit Corporation), CHIQUITA (de la United Brands) y suma y sigue, todos presentes.
Tranquilita iba sin ni siquiera imaginar que los bandidos habían utilizado esos portones para detener los vehículos y robar a los pasajeros hacia algún tiempo.
En esas, tras nubes de polvo y meneítos, llegamos al paradero y muelle de LA PAVONA . ¡Allí empezó el baile!  “Esos no son de fiar, roban a la gente”. “Vengase para acá al escritorio de los guías oficiales, ellos le darán todas las informaciones”. “Bueno estas, hermanito”. Pienso mientras sonrío pero que muy agradecida por el servicio desinteresado.
Un bar, un pseudoresto, una taquilla y nosotros un puñado de turistas mal avenidos. Finalmente el encargado de las lanchas, no sabía entonces si de Rubén Bananero (de mala fama), de Coopetraca o del tan alabado Clic-Clic, el “manco”, nos espetó que si queríamos llegar a TORTUGUERO, sería a 10 USA $ por cabeza, que el río estaba muy bajo, que el motor podía dañarse que…que…Si no, podíamos dar vuelta y esperar a la crecida, nos escupió sin apartar la mirada del rio.
¡Claro como el agua! Nos embarcamos y aun nos hicieron esperar clientes una hora más en achaque de retocar esto y aquello siguiendo las triquiñuelas establecidas
Pero no nos había mentido el cancerbero. El río estaba bajísimo, el vientre de la lancha casi tocaba el fango y el motor rugía con rabia para escapar de la trampa. A veces, el ayudante, un muchacho jamaicano pinturero y reidor, tenía que saltar al agua y ayudar con una pértiga al pobre barco medio exhausto.
Garzas rutilantes, lagartos perezosos, basiliscos al acecho, nubes de pájaros en búsqueda de sus árboles favoritos en un atardecer que se escapaba presuroso por entre los bosques. Tres horas más tarde, peinando las sombras, llegamos al minúsculo embarcadero de TORTUGUERO medio muertos desapareciendo cada uno como tragados por los senderos terrosos de luces mortecinas.
Cabinas “Tortuguero Natural” frente a la disco La Culebra, sería de avío por aquella noche agitada. Una hamaca ajada en el porche, un cubículo con cama y espacio por el suelo para dejar los bártulos, un baño ( ¡oh lujo desaforado!) diminuto pero bastante limpio. La dueña, una alemana tipo walkiria etérea con su niñita mulata de ojos chispeantes que no dejaba de lloriquear…La gente hablaba de una pasión desbocada por un atlético jamaicano que la había abandonado pero que venía a visitar a su hijita y devolverle el alma. Todo muy romántico y frecuente por estos lares, parece.
Era sábado al día siguiente, y para escapar a la hecatombe de despedida de La Culebra pensó que era mejor irse bien lejos a orilla de la playa, a Tortuguero Natural, que resultó, gracias a José su manager, el paraíso que le permitiría sobreponerse a la frustración de no poder ver ni una tortuga, habiendo recorrido medio mundo para asistir a los alumbramientos.
Durante tres días navegaría por sus ríos, canales y caños; se perdería por entre las callejuelas apartadas del pueblo; desayunaría jugos soleados en la soda Heliconia; caminaría por los umbríos senderos paralelos a la playa y hablaría y hablaría con sus gentes del “milagro de las tortugas”.

“Antes las cazábamos, ahora hemos comprendido que las tortugas vivas tienen más valor para la economía local que el que antes tenía la carne y los huevos”.
Ahora las protegemos, las salvamos, y TORTUGUERO ha renacido.


FOTOS: Cortesia de GOOGLE