Está oscureciendo
tan pronto y estas calles aviesas me atraviesan con sus miradas aceradas de
siglos de odios, derroche, sudor y concupiscencia. He de bajar hasta la Oficina
de Turismo, que resulta estar ubicada en un ex templo de la Compañía de Jesús:
San Ignacio.
Gente amable que
me recibe y me informa a pesar de la hora tardía en una oficina sala de
exposición bella y didáctica
“Tiene que ir a LA CASA DE LA MONEDA de mañana, con un grupo, es preceptivo.
Por la tarde puede visitar la catedral y otras iglesias emblemáticas”. Ya en la
oscuridad intento localizar el puestecillo “oficial” que vende cucuruchos de
carne y pan a la plancha por 5 Bs y que huele tentadoramente. No hay nada como
las tinieblas y la imaginación desaforada. ¡Jajaja! Mastico a conciencia espantando
los fantasmas.
(Lo siento, pero
este es mi juguero de Sucre, igualito, igualito con su “pelador de limas rojo”.
El otro me ha desaparecido.)
Dos horas en La Casa de la Moneda, a primera hora
de la mañana tras un jugo de lima en la plaza, la segunda que se construyera en
Potosí en el siglo XVIII, con la Sra.
Yola y un grupo de bolivianos de varios Departamentos es una experiencia
inolvidable. Un grupo de muchachas indígenas escuchan con devoción y las dos
ancianas que las acompañan están como embrujadas y como acongojadas, sobre todo
en las salas que muestran el terrible trabajo en las minas del MITAYO INDIGENA.
La Sra. Yola va
desgranando su sabiduría por los más de 140 ambientes de este caserón fortaleza
con sus cinco patios de rigor, donde se asolea nuestra guía aprovechando el
retraso de los enamorados…
Me cuenta que el
frío húmedo, sobre todo ahora que empieza el invierno, le ataca a las
articulaciones y le produce unos dolores intensísimos. Mujer muy profesional la
Sra. Yola, que nos informa sin concesiones revanchistas ni chistecitos fáciles
de guía turística de rebaños. Cierto que en este grupo solo soy yo la que
desentono por el color que no por el entusiasmo.
La sala de
LAMINACION es impresionante. Casi
intactas las maquinas laminadoras que trajeron de España en 1753 y que fueron
montadas pieza a pieza, permiten imaginar el trabajo agotador, escuchar el
ruido de los engranajes, el resoplar de las bestias. Relumbra la madera de
roble pulida, el sudor de los cuerpos extenuados. La plata no reluce todavía.
Esta CECA potosina acuñó moneda para España de 1773 a 1825,
para las Provincias Unidas del Río de La Plata en 1813 y 1815, finalmente para
la República de Bolivia de 1827 a 1951. Hoy en día acuñar moneda es cosa de
subasta al mejor postor: monedas en Chile, billetes en Canadá o Francia…..
El Museo, a pesar
de sus tesoros virreinales, no me conmovió.
(Huancavelica y
sus bellezas NATURALES)
(Huancavelica
medio envenenada por los deshechos del mercurio amante de la plata y el oro
potosino)
La Sra. Yola
evoca los bandidos que asaltaban las reatas de llamas y mulas en la RUTA DE LA
PLATA desde HUANCAVELICA (Perú) hasta Potosí y de allí a Arica/Antofagasta,
hoy en Chile, y los estafadores que acuñaban moneda falsa sin temor a la pena
de muerte que los acechaba. Adulteración que llego a su punto culminante siendo
alcalde de Potosí y concesionario de la CECA FRANCISCO FERNANDEZ DE LA ROCHA en 1640.
¿Uno de los tantos “mecanismos de defensa” frente
a la voracidad fiscal del reinado de Felipe IV y su Duque de Olivares?
Los “grandes” siempre encuentran su camino. Pero a
nosotros, le “petit peuple”como dicen los franceses. ¿Qué nos queda?
FOTOS: Cortesía
de GOOGLE
















