Llego a casa un jueves por la noche en el ultimísimo metro dormido, ella descuajeringada de tanto resistir cacheos oficiales y carreras por los pasillos del madrileño Adolfo Suárez.
Ya al día siguiente estaban allí mis amigos los jardineros dispuestos a cortar de raíz los hierbajos, cardos y saúcos que se habían apropiado de mi huerta durante mi ausencia.
Humo, ruido ensordecedor, caracoles en estampida, esos depredadores de mis amados geranios. Para animarles en la tarea decido disfrazarme de hortelana y hoz en ristre empiezo a limpiar el cano alrededor de la caseta de los aperos, esquivando los proyectiles-yerbajos que me asaltan de vez en cuando.
Botas, pantalones reforzados, chándal de expedición portuguesa de los 80, guantes de gamuza aceitada hasta medio brazo, cosa de resistir a las zarzas y a este sol que se empeña en cocernos a fuego lento.
Así cinco horas sin respiro. Ellos chorreando sudor y buen humor y yo aparentando marchosa cadera libre como si en ello me fuera la vida.
Agüita de limón para todos, que nosotros no bebemos hasta terminar el trabajo. Dicen.
Un día más pasa comiendo en el Markina y celebrando el reencuentro como es de rigor entre nosotros, porque en el Batzoki Abando (http://www.abandokobatzokia.com/Quever/ )hay unas colas de muerte hasta las cuatro de la tarde.
Un día mas me lo paso limpiando con ahínco el polvillo negro regalo de los vehículos que se empeñan en acelerar cuesta arriba, el Kbus, el Euskalbus y todos los Euskalcoches y motos de los pretenciosos acomplejados prepotentes de turno.
Otro día más de super y cocina y fregoteo me empujo a tomar la decisión que me estaba acosando desde el día que empecé con todas estas gratificadoras tareas de mantenimiento: Dejaría todo debidamente precintado y me escaparia a la Costa Brava 15 diitas a trotar por los turos, por los Camis de Ronda asomados a este mar suyo y también, claro, nuestro, a comer a papo de rey (con perdón, pero es que me ha venido esta expresión que no oía hace siglos) sin intervención alguna por mi parte.
¡Y aquí estoy! En la CASA DE CULTURA DE LLORET DE MAR, en la sala de ordenadores de los JUBILADOS, que generosamente me permiten estar con vosotros, al ritmo de los puntazos del billar de la sala de al lado y los gritos de entusiasmo de los ganadores.
Pero, aunque esta no era mi intención, me he dejado arrastrar por las palabras.
Mañana empezare a contar mis expediciones por estos pueblos “turísticos”, que ofrecen bellezas y experiencias inigualables a aquellos que los descubren con amor, lejos de las playas urbanas el gentío los chiringuitos las discotecas y el pastoreo de los grupos de turistas salvadores de la industria hotelera de la Costa Brava.
Nos vemos.
FOTOS: Cortesia de GOOGLE
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